Por: Erick Galvez Ayala

No existen las reglas en el camino hacia el arte, los paradigmas se rompen si lo que buscas es innovar, nada importa si te convence tu idea de ser fiel a una forma de ver la vida, llena de placeres diminutos aunque al mismo tiempo significativos. La escena musical independiente (últimamente maltratada en todo el mundo) tiene muestras fidedignas de que el esfuerzo minoritario de los necios obsesivos algún día dan frutos jugosos.

El camino parece que ha sido doloroso ya que no existe una cuenta de banco incalculable a su nombre, en cambio hay una legión de fanáticos especialmente músicos que le admiran porque el reconocimiento no tiene que ver con vender o ser popular, el placer de escucharle con una buena botella de vino fumando el humo del olvido no es comparable con nada. Bill Callahan o Smog como también es conocido dado que es único miembro oficial de esa banda es uno de esos poetas musicales sin reflectores, sin ovaciones de la critica. No es el prototipo de cantautor común, le dedica un pasaje importante al sonido lo-fi (principalmente en sus dos primeros discos), su voz de barítono atrapa con solo una nota que emane de su ser, es un icono de la industria independiente de los Estados Unidos.

Callahan vino al mundo en Maryland justo en el año que se compuso “Like a rolling Stone” (de Bob Dylan, ídolo del cantante), es un amante de lo orgánico porque en sus orígenes tuvo que aprender el método de las grabaciones con instrumentos caducos y en medio de procesos obsoletos dio vida a sus primeros álbumes con letras cargadas de malestar, melancolía, humor negro ademas de una instrumentación especialmente llena de guitarras acústicas. Las melodías tienen un peso importante dentro de su trabajo puesto que es un admirador de gente del calibre de Todd Rundgren, Lou Reed y por supuesto Leonard Cohen. La tragedia, el desamor, la ironía son sus amistades mas leales desde ese lejano 1990 cuando empezó en el territorio de lo alternativo, ha grabado discos que cualquier ser fatalista tacharía como deprimentes y agresivos por su temática pero es que Bill no sabe tomar distancia de sus episodios en el mundo de las mentiras como el le llama.

Puede ser que para los oídos de personas alejadas de la realidad sus canciones sean repetitivas, que no impacten porque parecen siempre contenidas para que no estallen, al contrario de lo que se puede deducir Callahan es mas que un depresivo o un ser introspectivo, es un irónico, un sensible ser que dedica su vida a contar historias llenas de esas misma emociones que nos acompañan por toda nuestra vida, la infelicidad, el coraje, el desanimo o la tristeza. Quizá se piense en el como un autor detestable porque se dedica a contarnos lo difícil que es nuestro existir pero ¿que no es nuestro mundo cotidiano?, es un realista que con el tiempo ha evolucionado para ser admirado por generaciones distintas.

Sus discos aunque han sido de un nivel similar tienen sus puntos mas altos en “Julius Caesar”, “Wild Love”, “Dongs of sevotion” “Supper” y “Sometimes i wish we here an eagle”, toda su obra tiene en la instrumentación de cuerdas parte del drama que le apasiona, su peculiar forma de cantar cortando las frases le colocan como un interprete imponente, un amante de la timidez en potencia.

Bill Callahan es un extraordinario letrista, un músico elegante, un huraño que no quiere que le volteen a ver, no le interesa ser el foco de atencion, prefiere ser la voz del lugar que el personaje principal, es un hombre que quiere caminar desapercibido por todo lugar, nunca esperes que te mire a los ojos porque el no tiene las respuestas solo dudas vuelan en su mente.

“En Inglaterra un periodista me pregunto, ¿cuando piensas suicidarte? lo que no estuvo nada bien, ese tipo de personas son las que me obligan a quedarme callado y me hacen ponerme a la defensiva en las entrevistas”