Por: Daniel Hernández García.

 

 

Al final sólo quedaron objetos,

todo se redujo a cenizas,

cal, hueso y azufre baña nuestras manos

en estos nuestros manantiales sagrados.

 

Comienza el funeral del hombre

participamos desde nuestro lugar en la historia,

la noche se presta para relatar el comienzo

en la superficie estelar.

 

Explosión tras explosión

trajo consigo el caos

que se reproduce en el último templo del mundo

en las cuerdas de una guitarra abandonada.

 

Buda quedo atrapado

en el cuerpo de un rota-mundo,

lleva la sal de la vida en sus labios,

su cuerpo se exhibe en los escaparates del palacio.

 

Hay un grupo de cuerpos

esperando la salvación

mientras el mundo está en llamas;

ya no queda amigos en el mundo.

 

Los comediantes reproducen nuestras penas

en pequeñas carpas a las orilla de la carretera,

solo los elegidos están invitados al gran banquete.

 

Te puedo relatar mi vida

en el fugaz parpadeo de una estrella

pero no quiero distraer tu atención

de tan majestuoso espectáculo.