Víctor Daniel López  < VDL >

 

Paul Bénichou fue un importante crítico e historiador de la cultura francesa, sentando sus bases en aquella que considera su mayor seducción, la literatura. Interesado aún más por aquel periodo romántico que dejó una huella grande en la historia del arte, se considera apasionado de éste y de los resultados que derivaron en cada una de las disciplinas artísticas. Nació en Argelia, pero solamente le duró unos años la vida allí, pues pronto acudió al llamado de París en una época en la que se había convertido en un espacio crucial de concentración entre artistas e intelectuales. Ahí se formó y comenzó su vida como escritor, desenvolviéndose en círculos donde también participaban Jean-Paul Sartre, Raymond Aron, Paul Nizan y Maurice Merleau-Ponty. Después, durante el exilio nazi, se fue a vivir a Mendoza, Argentina, con familia que tenía en aquel país del sur; allá conoció a Jorge Luis Borges. Dio clases en Harvard (época en donde convivió con Yves Bonnefoy, Roman Jakobson y Octavio Paz) y después terminó regresando a su amada Francia a impartir clases en una universidad de prestigio en París. Publicó numerosas obras, en las que en su mayoría se dedicaba a analizar obras narrativas y de poesía. Realizó grandes investigaciones dentro de la filología y la crítica, pero su pasión por el romanticismo fue la que lo llevó a engrandecer su nombre y a darle el reconocimiento que hasta hoy se sigue mereciendo.

El Romanticismo, una de mis corrientes también favoritas, fue un movimiento que se originó en Francia a finales del siglo XVlll, extendiéndose después hacia Alemania, Reino Unido y otros países de Europa. Se desarrolló justo como resultado de una lucha que iba en contra de las ideas y principios básicos de la Ilustración y el Neoclasicismo, así como a partir de las revoluciones que estaban estallando en Francia en contra de la burguesía y el poder, la diferencia de clases sociales, los movimientos obreros y la industrialización. Fueron tiempos de incertidumbre y de inestabilidad policía y económica. Todo estaba avanzando tan de prisa que al hombre no le daba tiempo de procesar bien qué ocurría. Por eso es que, con la llegada del Romanticismo en la cultura y el arte, se busca entender todo esto dándole prioridad a los sentimientos, buscando adentro en lugar de afuera, y es así como comienza una constante búsqueda de la libertad. En los últimos años del siglo XVIII y primeras décadas del XIX, el hombre se encuentra perdido, por eso es que mucho se le conoce a ese periodo como Le Mal du Siècle (El Mal del Siglo), pues además del desequilibrio económico ocurrido en Francia y otros países, surge también una crisis de valores, de principios, ideas y, sobre todo, de creencias. El hombre, después del Medioevo y del Renacimiento, se ha dado cuenta de que la religión no es la respuesta, pero tampoco lo es la economía, ni tampoco la ciencia. ¿Entonces cuál es? ¿Qué fin tiene todo? Es, además, una época en la que, gracias a la expansión de los medios de transporte como el ferrocarril y el barco de vapor, la gente tiene más facilidad a viajar, y conoce, por lo tanto, otros países, otros continentes, más culturas y más mundo. Y al expandir estos horizontes, el ser humano se siente más confundido, perdido y solo. Quizá más solo que nunca. El Romanticismo es quien se toma la tarea de hallar la respuesta en el interior del hombre, ahí donde habitan sus sentimientos. Por eso los temas centrales, tanto en la poesía, como en la literatura, en la pintura, la música, ópera y demás, son la soledad, la melancolía, el ocaso, las ruinas, una lucha general por hallar la libertad. Se plasma al hombre frente a enormes paisajes, sobre las montañas, en plenitud de la nieve o frente al fin del mundo. El hombre contra la noche, contra el silencio, tratando de descubrir el misterio del infinito. El hombre en su intimidad. Pero también son registradas aquellas batallas por defender los ideales, el respeto y la igualdad. Un grito del pueblo que exige acabar con tanta miseria y tantas penas.

Por esto y más aún, Bérnichou se siente atraído a este movimiento y ha desarrollado, a lo largo de toda su carrera, profundas investigaciones para lograr explicarlo, de dónde surge, qué significa, su contexto tanto político como social, a qué consecuencias llevó, pero sobre todo, qué impacto tuvo en las artes. “Los magos románticos” es la tercera parte de un proyecto de investigación sumamente ambicioso en los que expone el surgimiento, el desarrollo y la transformación de este movimiento romántico en Francia, especializándose principalmente en el estilo literario. La serie inicia con “El tiempo de los profetas”, después le sigue “La coronación del escritor”, aparece “Los magos románticos” y después concluye con “La escuela del desencanto”. Pero es en “Los magos románticos” donde nos expone con brillantez el punto más alto del escritor romántico, envuelto de sus ideales, los sentimientos, el contexto histórico, sus influencias y qué objeto tiene el escribir las obras que escribe. Para entonces, el escritor deja de ser solamente un escritor y adquiere un nuevo papel: el de guía, el de profeta. Para esto, Paul Bénichou elige a los tres escritores que considera más importantes y que fueron parte de la época más crucial de los años románticos, y en donde tanto influiría la Revolución de Julio de 1830, para con sus obras poder sumergirse en un análisis general literario, pero que llevara a encontrar coincidencias entre los escritores, o bien, observar también las diferencias dentro de los puntos de vista ideológicos, política o espiritualmente, sirviendo de herramienta la novela, pero todavía aún más, la poesía. Los escritores, y en los cuales se dividen las tres partes de este libro, son: Alphonse de Lamartine, Alfred de Vigny y Víctor Hugo. “Cada uno de estos tres grandes autores representó, desde su propia visión de mundo y a su manera, las profecías comunes, y cada uno personificó al <<sacerdote laico>> que, en medio de una atmósfera tradicional, y tras los desastres de la revolución, dio a conocer la voz colectiva, ansiosa de libertad, fe y riqueza espiritual,” menciona Fondo de Cultura Económica, casa editora de esta publicación.

Alphonse Marie Louis Prat de Lamartine (Mâcon, 21 de octubre de 1790-París, 28 de febrero de 1869) escribió obras como “Les Méditations poétiques”, “La mort de Socrate”, “Jocelyn”, “Confidences”, “Les visions” y “La Vigne et la Maison”. Uno de sus poemas más famosos es “Le lac” (“El lago”) que narra el amor ferviente y compartido por una pareja, desde el punto de vista del hombre desconsolado. Lamartine fue un experto en el uso de las formas poéticas de la literatura francesa. También se considera como uno de los pocos escritores franceses que combinaron su carrera literaria con una carrera política. Los temas principales que se encuentran dentro de su poesía son: la naturaleza, el amor, la melancolía, la esperanza y la fe. Lamartine trata de convencer a los otros de que, para llegar a Dios, es necesario hacerlo a través de la admiración y el respeto a la naturaleza.

Entre las obras con mejor reconocimiento de Alfred Victor de Vigny (Loches, 27 de marzo de 1797-París, 17 de septiembre de 1863) se encuentran “Le bal”, “Poèmes antiques et modernes”, “Chatterton”, “Les Destinées” y “Journal d’un poète, Daphné”. Durante varios años trabajó para el ejército, hasta que decidió retirarse y escribió una de sus más grandes obras “Servidumbre y grandeza militares”. Uno de sus principales poemas se titula “Eloa”, cuyo tema trata sobre la redención de Satán. Vigny llegó a considerarse más un filósofo que un escritor, y en sus obras se muestran valores tales como la solidaridad, la libertad, el culto a la sabiduría y la transformación del alma.

Por último, Víctor Hugo se convirtió al final en el máximo exponente del Romanticismo francés, y es considerado uno de los escritores más importantes de todos los tiempos en el país, tanto, que a su muerte se le honró con un funeral de estado durante la Tercera República. Fue poeta, novelista y dramaturgo. En su obra transcurren temas como la igualdad, la lucha por los derechos del hombre, la educación, el alma y la religión. Entre su obra más importante podemos encontrar “Cromwell”, “Hernani”, “María Tudor”, “Notre-Dame de Paris”, “Claude Gueux”, “L’Homme qui rit”, “Quatrevingt-treize”, “Les feuilles d´automne”, “Les voix intérieures”, “Les Contemplations”, “La pitié suprême”, y una de las obras cumbres en toda la literatura universal: “Les misérables”.

Con estos tres grandes autores, Paul Bénichou nos ofrece un complemento a su extensa investigación para poder acercarnos más a lo que fue el movimiento romántico francés, mirarlo de cerca, sentirlo, comprender lo que sucedía por entonces y cómo afectaba al hombre, pero también de qué manera podían salir victoriosos, hacia dónde se veían inclinadas sus creencias y su fe, qué podían esperar, o qué debían escuchar. Tanto Lamartine, como Vigny y Víctor Hugo, son los más grandes ejemplos para tener una aproximación a la literatura romántica, y tal vez podernos sentir de alguna forma identificados con su poesía, pues no hay hombre en esta tierra que no haya experimentado la soledad, el amor y el desamor, la contemplación de la belleza de la naturaleza, la rebelión dentro de su ser ante la injusticia, la inconformidad por el abuso del poder, la lucha por la libertad, la esperanza, la fe, el deseo de creer en algo más grande que la vida y la muerte, la sed de conocimiento, y el viaje largo, místico y complicado, que resulta el descubrimiento de uno con uno mismo.