Reseña de “El diario de Renia Spiegel. El testimonio de una joven en tiempos del Holocausto”

 

Por Víctor Daniel López  < VDL >

Twitter @vicdanlop 

 

 

Cuando Renia empezó a escribir este diario solo tenía catorce años y era pensativa, considerada, sentimental y todo lo que una buena chica que va a la escuela media suele ser. Era inocente. Creo que todos lo éramos. A principios de 1939, antes de que los alemanes y los soviéticos invadiesen Polonia, todavía podías serlo”, dice Elizabeth Bellak (antes Ariana Spiegel) sobre su hermana Renia, que, a diferencia de ella, sí logró sobrevivir a la guerra, ese monstruo que priva a los niños de ser niños, y a los hombres de ser libres. Con este libro, publicado por Plaza Janes (Penguin Random House), agradecemos a Elizabeth y a su hija, quien fue su motivación, a atreverse a publicar el diario de su hermana Renusia muchas décadas después de uno de los horrores más grandes jamás sucedidos. De esta manera, se enfrenta al pasado luego de mucho tiempo de haber quedado enterrado. Con un diario hermoso. Poemas de una muchacha que sólo quería vivir la etapa que le correspondía entre amigos, el amor, su familia y los sueños de ser escritora y poeta. Otro testimonio más que nos habla del Holocausto para tocar lo más sensible del alma, sentir impotencia, pero también palabras de amor y de vida, como las de también nuestra pequeña Ana Frank, para regalarnos fuerza y darnos la esperanza que a veces olvidamos los humanos, y que siempre necesitamos.

Es así como, a través de las páginas de este diario, vamos conociendo a Renia de catorce años que sufre los inicios de la guerra, aislada del mundo en un gueto judío del que no pudo salir. Su adolescencia allí la vivió, alejada de su adorada madre que quería como al ser más preciado en toda su vida. Nos cuenta acerca del colegio, sus compañeros de clase y sus amigos. Los primeros chicos que le gustaron y el primer enamoramiento. Nos habla de su querido Zygu, a quien amó casi tanto como a su madre y hermana. Las riñas de adolescentes enamorados, los celos y el deseo. La escuela, los deberes, la vida que va dejando de ser vida para una adolescente, para los niños, para todos los hombres y mujeres. Renia nos habla del conflicto por el que pasa Europa y lo que va aconteciendo con el mundo. Se confiesa con su diario de cómo todo ello le afecta. Los avances de los alemanes, la guerra con los soviéticos. Los japoneses y los americanos. Francia e Inglaterra. Todo el mundo en guerra y ella atrapada en el reducido mundo en que se había convertido su gueto. El miedo que sintió. El terror del que fue testigo. Pero a pesar de ello, la mayoría de las páginas de su diario nos hablan del amor y los sentimientos de esa niña pequeña que estaba apenas convirtiéndose en una mujer, descubriendo sus sentimientos y emociones, viviendo el primer amor que resulta ser el más tierno e inocente, y a veces hasta grande. Renia nos envuelve de eso, y resulta realmente sorprendente y conmovedor cómo en medio de toda aquella pesadilla del Holocausto, el nacismo y la guerra, lo que sigue predominando para ella sobre todas las cosas es el amor. El diario de Renia nos da precisamente esa lección. Renia fue una poeta, su narrativa es prosa pura, y aparecen en su diario también muchos de sus poemas que escribió durante aquellos años y que no hacen otra cosa más que resaltar su talento. Ella quiso ser escritora. Y terminó siendo una niña a la que le quitaron sus sueños y la oportunidad de poder vivir muchas cosas más. Nosotros, nos quedamos con su poesía, con sus ojos de niña que miran la vida siempre de forma distinta. La esperanza y el miedo. La bondad sobre el odio. Y lo demás, el amor. Nada más.

El diario de Renia”, más que un testimonio de guerra, precisamente resulta ser todo lo contrario. Éste es un libro profundamente emotivo y necesario de leerse. Recuerdo cuando leí las últimas páginas del diario de Renusia, me encontraba sentado en el camión rumbo al trabajo. Iba llorando. Leía las últimas palabras que Renia escribió. Nunca más volvería a escribir otras. Leí su muerte, el final descrito por su novio Zygmunt. Después, el epílogo de su hermana Elizabeth. Lloré, mucho. Y cuando aquella mañana cerré el libro y bajé del camión y volteé a ver a mi alrededor, sentí en mi interior un hueco grande como hacía mucho no me había hecho sentir un libro. Algo dentro de mí había cambiado, y también en el mundo, pude ver. Caminé por las calles hacia mi trabajo, en silencio, sumergido en pena y de luto. Seguía con lágrimas en mis mejillas derivadas de aquel diario que había terminado de leer. Lloré por Renia. Por todos los judíos. Lloré por la guerra.

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