Por G. Mateo

 

Llévame Dios mío en esta mañana fría

a cometer ese delito

entre la sombra de la arpía,

que mis ojos sólo encuentren

de tus hijos la oveja negra

aquel que merezca la condena

de mis manos manchadas de pena.

 

¿Quién necesita tu castigo?

Soy el ladrón que está a tu servicio

Lucifer en el mundo,

el que incrusta la congoja,

el que sanciona al prepotente

cuando hiere la vida del indulgente.

 

¡Ay! que será de mí, señor mío

he girado la rueda de la fortuna

aposté todo en el juego del karma

a fondo fui con los dados de la muerte

y si he de morir…

que sea como un ángel inocente;

obra de tus decretos misteriosos

fruto de la voluntad

de tu pasión omnipresente…