Por Daniel Hernández García.

El sonido de las herraduras tocando el suelo inundaban los oídos de Dany, con sus manos sudorosas sostenía un vaso de cerveza, cerveza tibia y amarga,  de cincuenta pesos el vaso. Sus ojos ocultos bajo las gafas de sol no se apartaban de los caballos, sus ojos parecían los de un depredador o como el ojo del francotirador antes de disparar a través de la lente del rifle. Ese tipo de concentración sólo es digna de un cirujano.

El número 37 estaba bien marcado en su ticket, un número tan insignificante pero en ese momento Dany coloco toda su fe y la depósito en un número tan vacío como su vida, treinta y siete, treinta y siete articulaban sus labios en silencio, su boca se encontraba seca de estar bajo el sol todo el día, un puñado de tickets con el número treinta y siete se encontraban acumulados  bajo sus pies. Los hombres a su alrededor comían hot dogs, escupían y gritaban el número de su caballo. Dany se mantenía invisible para ellos, sosteniendo su cerveza y repitiendo una y otra vez treinta y siete tan quedamente que de existir un Dios jamás escucharía su plegaria.

Dany tiembla al escuchar por las bocinas números que silencian sus plegarias, noventa y dos, cincuenta y cinco, setenta. Doscientos a uno para el noventa y dos. Dany sorbe de su vaso, la cerveza amarga hace que se contraiga la cara de Dany; sus delgados dedos dejan caer al suelo el papel con el número treinta y siete.

Dany se acerca nuevamente a la taquilla, de las bocinas se escucha una voz como sentencia. Ultima carrera del día, hagan sus apuestas. Dany apuesta sus últimos quinientos pesos al número treinta y siete. La fe depositada en el número treinta y siete no ha disminuido a pesar que no le ha hecho ganar nada, esta clase de terquedad inquebrantable sólo puede ser sostenida por un hombre en desesperación.

Dany toma su lugar en el hipódromo, tira lo poco que le queda de cerveza y avienta a las gradas el vaso vacío, su gafas reflejan el movimiento del público a su alrededor, los Jockey´s se acomodan en el punto de salida, con un disparo los caballos comienzan a correr a todo galope dejando una estela de polvo que se quedaría incrustada en la memoria de Dany por el resto de su vida, Dany agacha la mirada cuando observa que el número 37 es el último en salir, el sonido producido por las pisadas de los caballos rebota en la cabeza de Dany, en la última vuelta Dany levanta la vista para observar lo que ya esperaba el número 37 es el último en la línea y las bocinas anuncian, diecisiete, dos, cincuenta, veinticinco a uno para el diecisiete, los ganadores acérquense a la taquilla por sus premios.

La gente fue abandonado la gradas paulatinamente, Dany observaba directamente la pista, como si estuviera viendo una carrera imaginaria, – es hora de retirarse señor, el hipódromo está por cerrar, Dany llevaba más peso del que su cuerpo podía aguantar, tardo un momento para ponerse de pie, camino lentamente al estacionamiento.

Dany sube a su auto,    Dany prende la radio,  Dany abre la guantera,  Dany  bebe  Jack Daniel´s, Dany se da un cajuelazo, Dany avanza por la ciudad con el peso del mundo en los hombros.

Dany se detiene en un terreno baldío, perros ladran a su llegada, con la mano izquierda sostenía la botella de Jack, la ciudad parecía una tierra desconocida en su estado de miseria, un boy scout a punto de conocer la tierra más salvaje.

Dany inclino la cabeza para acabar con Jack, la ciudad se distorsiono a través del cristal, lanzo con todas sus fuerzas la botella vacía, miro de forma melancólica a la ciudad, con la misma melancolía con la que se despiden de un desahuciado, sintió la misma sensación cuando vio a su madre morir de cáncer; Dany tomó las llaves de su carro, condujo por la ciudad sin rumbo alguno, espero a que las avenidas se vaciaran, sobre Insurgentes Dany piso a fondo el acelerador cuando su auto alcanzo los 160 kilómetros dio un giro al volante para estrellase en una estación del metrobús.

Tardaron horas para sacar su cuerpo prensado pero aún con vida de su auto, Dany seguía consiente, quería gritar pero su mandíbula quedo colgando sólo de un tendón, tenía perforados los pulmones, su estómago había reventado en su interior, con ese dolor debía de haber entrado en shock pero paso las últimas horas añorando la muerte, sus lágrimas y sus ojos mirando de un lado hacia otro hacían sentir su dolor a los paramédicos los cuales sabían que no sobreviviría con tal daño, trataron de aminorar su dolor pero no respondía a nada, Dany entro al purgatorio en vida y bañado en su propia sangre fue libre al fin . Pasaron 37 horas antes que Dany muriera.