Por Daniel Hernández García.

 

Hay personas que duermen en mejores almohadas que la mía.

Sueñan profundo y sus sueños son suaves reflejos de la realidad.

Su imaginación es más profunda, es real,

sueñan en nubes y en nubes se alejan,

se desprenden de verdad.

 

Sus sueños húmedos son cálidos,

cada pliegue del sexo desprende una sombra propia,

el terciopelo tiene respiración propia,

exhalan vapores que humedecen la nuca y estimulan las neuronas.

 

Los sueños oníricos son fáciles de manipular,

saltan de escenario a otro, crean puentes indestructibles y falsos.

Yo sueño con nudos en mi cabeza, arañando mi nuca,

soplando pesadillas que humedecen mis entrañas y revelan realidad,

el mal sueño me arraiga a la pesadilla,

voy cansado intentando despertar en un lugar mejor.